
Familias que llevan hasta 40 años trabajando en los puestos de flores de la ciudad denuncian que la gestión de Julio Alak busca desplazarlas de sus históricos lugares de trabajo. Aseguran que nunca fueron escuchadas y que se enteraron por los medios de que el Municipio pretendía avanzar con una licitación de los espacios.
Detrás de cada puesto hay una familia. Hay trabajadores que llevan 35 y hasta 40 años vendiendo flores en las calles de La Plata y que hoy aseguran estar atravesando uno de los momentos más difíciles de su historia: la posibilidad de perder los lugares en los que construyeron durante décadas su fuente de trabajo.
Los floristas apuntan directamente contra la gestión de Julio Alak, a la que acusan de avanzar con distintas alternativas para desplazarlos de los puestos que ocupan históricamente.
Según explicaron los propios trabajadores, durante la intendencia de Julio Garro habían celebrado contratos por cuatro años que establecían las condiciones para desarrollar la actividad y contemplaban su renovación. Aseguran que cumplieron con sus obligaciones, seguros, impuestos y las condiciones exigidas para trabajar en la vía pública.
Pero con la llegada de Alak al Municipio, aseguran, todo cambió.
El primer conflicto apareció con la instalación de nuevos puestos y la intención de trasladar allí a los floristas de calle 8 y calle 12. Los trabajadores se resistieron porque sostienen que las nuevas estructuras no reúnen las condiciones necesarias para desarrollar su actividad dignamente: cuestionan su tamaño, la ventilación y la falta de espacio para colocar mesas, heladeras y conservar correctamente las flores.
“No estamos pidiendo lujos, estamos pidiendo poder trabajar dignamente”, resumen desde el sector.
A partir de entonces, los floristas aseguran que comenzaron meses de incertidumbre. Pidieron reuniones, reclamaron explicaciones y buscaron participar de las decisiones que afectaban directamente su trabajo, pero sostienen que nunca fueron realmente escuchados.
El golpe más duro llegó después: según denunciaron, se enteraron por los medios de comunicación de que la Municipalidad pretendía avanzar con una licitación de los puestos y revocar los permisos existentes para adjudicar esos espacios nuevamente.
Es decir: trabajadores que llevan décadas construyendo una clientela y viviendo de la misma actividad podrían terminar afuera de sus puestos mientras el Municipio redefine quién los ocupará.
La situación también llegó a la política local. El concejal de La Libertad Avanza Gastón Álvarez se hizo eco públicamente del conflicto a través de sus redes sociales y puso el reclamo de los floristas en discusión.
Además, los trabajadores fueron recibidos por el diputado provincial Juanes Osaba y el concejal Álvarez, quienes escucharon personalmente el planteo y la preocupación de las familias afectadas.
Álvarez integra actualmente el bloque de La Libertad Avanza en el Concejo Deliberante platense y viene manteniendo una posición crítica frente a distintas decisiones de la administración municipal.
Mientras tanto, los floristas aseguran que comenzaron a recibir presión para abandonar los espacios en plazos reducidos.
Y ahí aparece la pregunta que la gestión de Alak todavía debe responder: ¿qué va a pasar con las familias que llevan prácticamente toda una vida trabajando en esos lugares?
Los trabajadores no reclaman subsidios ni privilegios. Piden conservar su fuente laboral, que se respeten los acuerdos alcanzados y poder discutir cara a cara cualquier transformación del sector.
Porque para el Municipio podrá tratarse de mover o licitar un puesto. Para quienes llevan 40 años detrás de ese mostrador, significa poner en juego su trabajo, sus ingresos y buena parte de su vida.
Los floristas piden diálogo. Alak, hasta ahora, les dio incertidumbre.