
La inseguridad en la zona norte de La Plata ya es tierra liberada. Esta vez, la violencia tocó el corazón de Arturo Seguí, donde un matrimonio fue brutalmente atacado dentro de su vivienda por un grupo de delincuentes que los golpeó salvajemente y escapó como si nada. Las víctimas, con heridas en la cabeza y todo el cuerpo, tuvieron que ser asistidas de urgencia.
El violento episodio ocurrió en la calle 134 bis, entre 406 y 407, cuando al menos dos delincuentes irrumpieron por la parte trasera de la casa, rompieron una puerta y entraron armados y decididos a todo. Una vez adentro, no dudaron un segundo: atacaron al matrimonio a golpes, los amenazaron con armas de fuego y exigieron dinero y objetos de valor mientras los seguían golpeando sin piedad.
Según trascendió, los ladrones escaparon en la camioneta de las propias víctimas, la cual apareció horas más tarde volcada en 159 y 412. Todo indica que huyeron a alta velocidad o simplemente perdieron el control tras consumar el asalto. Entre los elementos robados se encuentran electrodomésticos, joyas, dinero en efectivo y documentación personal.
La escena fue de terror. Los vecinos se enteraron por los gritos y el revuelo, y al llegar encontraron a la pareja completamente ensangrentada y en estado de shock. “Así no se puede vivir. Estamos solos, a la buena de Dios”, declaró una vecina con la voz temblorosa.
Los habitantes del barrio están hartos. Denuncian que la zona es un blanco fácil para la delincuencia y que hace meses vienen reclamando más patrullaje, pero siempre reciben la misma excusa: no hay móviles ni personal disponible. Mientras tanto, los robos, los asaltos violentos y el miedo se multiplican noche tras noche.
La investigación quedó en manos de la comisaría de la jurisdicción, que ya analiza cámaras privadas y busca testigos, pero los vecinos no confían. “Hoy fue esta pareja, mañana puede ser cualquiera. ¿Qué están esperando? ¿Que maten a alguien?”, dijo con impotencia otro frentista.
En Arturo Seguí reina el miedo, la bronca y la indignación. La seguridad brilla por su ausencia, y el Estado, una vez más, llega tarde.