
La Provincia lanzó un programa amplio de deuda y ejecutó una primera emisión por más de $232 mil millones. El esquema busca oxígeno financiero inmediato, pero deja abiertas tensiones sobre sostenibilidad y uso de recursos futuros.
El gobierno de Axel Kicillof puso en marcha un esquema de financiamiento en dos tiempos: primero habilitó un programa de endeudamiento por hasta $1 billón y, en paralelo, ya ejecutó una emisión inicial por más de $232 mil millones.
La Resolución 175 del Ministerio de Economía funciona como “paraguas” para salir al mercado con distintos instrumentos: en pesos o dólares, a tasa fija o variable y con plazos de hasta 48 meses. La clave es que delega en la Subsecretaría de Finanzas la capacidad de definir cada operación sin pasar nuevamente por decisiones políticas de alto nivel, lo que acelera el proceso pero reduce controles visibles.
Ese mismo día se concretó la primera jugada: un bono en pesos a tasa variable, con vencimiento en 2028. El rendimiento está atado a la tasa Tamar más 700 puntos básicos, lo que traslada el riesgo de suba de tasas directamente al costo de la deuda provincial.
La estructura elegida no es menor. Se trata de un bono “bullet”: paga intereses en el camino, pero devuelve todo el capital al final. Traducido: menos presión ahora, más carga acumulada a futuro.
El destino de los fondos también marca el tono de la operación. La mayor parte se usará para refinanciar deuda existente —roll over puro— y solo un 8% irá al Fondo de Inversión Municipal. Es decir, se prioriza sostener la rueda financiera antes que expandir gasto o inversión directa.
El punto más sensible aparece en las garantías. La Provincia comprometió recursos de coparticipación federal para respaldar el pago. Es una práctica habitual, pero implica poner ingresos futuros en juego para cubrir necesidades presentes.
El movimiento le da aire inmediato a las cuentas bonaerenses, pero expone una dependencia creciente del endeudamiento para sostenerse. Más que resolver el problema, lo estira en el tiempo. Y deja una pregunta abierta: cuánto margen queda cuando el futuro empieza a llegar.