
Vecinos de barrios ubicados en las inmediaciones del predio ocupado denuncian una sucesión de robos, entraderas e intentos de ingreso a viviendas. Reclaman mayor presencia policial y cuestionan la falta de respuestas ante una zona que continúa generando preocupación.
Vecinos de distintos barrios de Los Hornos denuncian que la inseguridad se volvió parte de la rutina en las inmediaciones de la megatoma. Según relataron, desde hace semanas se registran robos, entraderas e intentos de ingreso a viviendas prácticamente todas las noches.
Los reclamos parten principalmente de familias de La Escondida, La Nativa y Latitud 34, ubicados cerca del enorme predio ocupado. Ante la reiteración de los hechos, algunos vecinos comenzaron a reforzar cámaras, alarmas y medidas de seguridad e incluso a organizarse para controlar las calles durante la madrugada.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Latitud 34, donde delincuentes ingresaron a una vivienda y mantuvieron como rehén a un matrimonio. El hombre fue golpeado y amenazado y, tras el ataque, la pareja decidió abandonar el barrio.
En La Nativa también denunciaron intentos de ingreso a propiedades y daños en alambrados. La situación alimentó el temor entre quienes viven en los alrededores de la megatoma y volvió a instalar el reclamo por un mayor control territorial.
Los vecinos aseguran haber realizado denuncias y mantenido reuniones con autoridades policiales, pero consideran que los patrullajes desplegados hasta el momento no alcanzan para contener la sucesión de delitos.
El conflicto también vuelve a poner bajo presión a la gestión de Julio Alak. Pese a los anuncios municipales en materia de seguridad, las familias que viven junto a la megatoma sostienen que la presencia estatal sigue siendo insuficiente y que buena parte de las medidas preventivas terminan dependiendo de los propios vecinos.
La megatoma de Los Hornos continúa siendo uno de los principales focos de tensión urbana de La Plata. Se trata de un extenso predio ocupado cuya magnitud dificulta los controles y genera desde hace años conflictos vinculados al uso de la tierra, la urbanización y la seguridad en los barrios lindantes.
Mientras tanto, quienes viven en la zona reclaman una respuesta concreta: más patrullaje, controles permanentes y una intervención coordinada entre el Municipio, la Provincia y las fuerzas de seguridad para evitar que la situación siga deteriorándose.