
Los principales movimientos independentistas de las tres naciones coordinaron una declaración para exigir que Londres facilite futuros procesos de autodeterminación. La presión territorial vuelve a poner en discusión la continuidad de una unión política con siglos de historia.
El futuro del Reino Unido vuelve a estar bajo tensión. Las principales fuerzas independentistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte dieron un paso conjunto y reclamaron al Gobierno británico que se prepare para facilitar cambios constitucionales que podrían modificar profundamente el mapa político de las islas.
El Partido Nacional Escocés (SNP), Plaid Cymru y Sinn Féin firmaron una declaración en la que reivindicaron el derecho de sus respectivos territorios a decidir su futuro mediante mecanismos democráticos.
El documento sostiene que ninguna administración de Westminster debería impedir que cada nación determine su relación futura con el Reino Unido y plantea la necesidad de comenzar a preparar posibles procesos constitucionales.
El movimiento adquiere una dimensión particular porque las tres administraciones autónomas están actualmente encabezadas por fuerzas favorables, con distintos grados y plazos, a modificar su relación con Londres.
Escocia continúa siendo el frente más avanzado. El SNP mantiene como uno de sus grandes objetivos la celebración de un nuevo referéndum de independencia, después de que en 2014 el 55% de los votantes decidiera permanecer dentro del Reino Unido.
En Irlanda del Norte, el debate gira alrededor de una eventual reunificación con la República de Irlanda, una posibilidad prevista por el Acuerdo de Viernes Santo si se cumplen las condiciones políticas para convocar una consulta.
Gales también comenzó a discutir con mayor intensidad su futuro constitucional. Plaid Cymru, tradicional defensor de la independencia galesa, forma parte ahora de una coordinación que busca aumentar la presión sobre Westminster.
El Gobierno británico, sin embargo, intenta cerrar el paso a una ruptura. El primer ministro Andy Burnham manifestó su oposición a impulsar nuevos referéndums en el corto plazo y apuesta por profundizar la autonomía regional sin poner en juego la integridad territorial del país.
La disputa excede además la cuestión institucional. Los partidos independentistas cuestionaron el modelo económico gestionado desde Westminster, criticaron las consecuencias del Brexit y plantearon una mayor aproximación futura hacia Europa.
El Reino Unido todavía permanece unido y ninguna separación es inminente. Pero el escenario político cambió: Escocia, Gales e Irlanda del Norte coordinan ahora sus reclamos frente a Londres y vuelven a instalar una pregunta que parecía impensable durante buena parte de la historia británica.
Si esas fuerzas consiguen transformar el reclamo político en mayorías electorales, la histórica unión que construyó una de las principales potencias mundiales podría enfrentar su mayor prueba de supervivencia.