
La ex presidente declaró como imputada en la causa más emblemática de presunta corrupción en la obra pública. Cuestionó a jueces y fiscales, pero evitó someterse a preguntas en una instancia clave del juicio.
La ex presidente Cristina Fernández de Kirchner volvió a declarar este martes en los tribunales de Comodoro Py, esta vez en el juicio oral por la causa Cuadernos, donde está acusada de liderar una asociación ilícita que habría recaudado coimas de empresarios a cambio de contratos de obra pública durante sus gobiernos.
La ex presidente optó por un formato ya conocido: un extenso discurso político con fuertes críticas al sistema judicial, pero sin aceptar preguntas del tribunal ni de las partes. En un proceso donde se investigan más de 200 hechos de presunto cohecho, la decisión no es menor: evitó confrontar su versión con la prueba acumulada en el expediente.
Durante su exposición, calificó la causa como un “gran disparate” y denunció un supuesto “manejo mafioso” por parte de jueces y fiscales. Apuntó especialmente contra el fiscal Carlos Stornelli y el fallecido juez Claudio Bonadio, responsables de la instrucción del caso, a quienes acusó de “armar pruebas” y “construir culpabilidades”.
También cuestionó el uso de la figura del arrepentido, eje central del expediente, al sostener que empresarios fueron presionados para declarar en su contra. Sin embargo, no respondió sobre los hechos concretos que se le imputan: pagos, circuitos de recaudación y vínculos con contratistas del Estado.
El momento más político de su intervención llegó cuando cruzó al presidente Javier Milei por haber anticipado en el Congreso que continuaría presa. Según Cristina, esa afirmación implica una injerencia indebida sobre el Poder Judicial.
La escena tuvo elementos simbólicos y políticos. Fue recibida con aplausos por militantes dentro de la sala, pero evitó saludar a Julio De Vido, su ex ministro de Planificación, también imputado en la causa. Tras finalizar su declaración, pidió retirarse y no presenció el resto de las indagatorias.
Cristina ya cumple prisión domiciliaria en otra causa (Vialidad), y enfrenta en Cuadernos uno de los procesos más voluminosos y sensibles de su trayectoria judicial. A diferencia de su discurso, el expediente acumula declaraciones de empresarios, registros, cuadernos y peritajes que sostienen la acusación.
El juicio sigue su curso. Y deja una tensión evidente: una defensa centrada en la denuncia política frente a un proceso que, al menos en esta etapa, exige respuestas sobre hechos concretos. ¿Alcanza con impugnar al sistema… cuando lo que se discute son las pruebas?