
El debut de Vasco da Gama en la Copa Sudamericana arrancará con una señal clara: no es prioridad. El entrenador Renato Gaúcho decidió no viajar a Buenos Aires y quedarse en Brasil entrenando al plantel principal, mientras un equipo alternativo enfrentará a Barracas Central.
La delegación que llegó al país está compuesta en gran parte por jugadores Sub 20, varios de ellos sin experiencia en Primera División. En el banco estará su asistente, Marcelo Salles, encargado de conducir un equipo improvisado para el debut continental.
La explicación del técnico fue directa: el calendario brasileño no da margen. Viajar, jugar y volver para cruzar el país implica un desgaste que puede costar lesiones y rendimiento. “Los jugadores no están hechos de hierro”, advirtió.
El dato incómodo es otro: un club histórico del continente decide relativizar una competencia internacional desde la primera fecha. No por falta de jerarquía, sino por cálculo.
En un grupo que también integran Olimpia y Audax Italiano, Vasco eligió administrar energía antes que competir con todo desde el inicio. Del lado argentino, Barracas se encuentra con una oportunidad inesperada: un rival que llega con el freno de mano puesto.
La Sudamericana empieza, pero no todos la juegan igual. Algunos la disputan; otros la negocian. Y esa diferencia, tarde o temprano, se paga.