
Estados Unidos busca garantizar el paso del petróleo por el Estrecho de Ormuz, pero sus aliados dudan. Si la alianza naval no aparece, la Casa Blanca evalúa desplegar Marines en una de las zonas más sensibles del planeta.
La tensión en Medio Oriente vuelve a escalar y el petróleo está en el centro de la escena. Irán endureció su presión sobre el Estrecho de Ormuz —por donde circula una parte clave del crudo mundial— mientras Estados Unidos intenta evitar que el bloqueo altere el mercado energético global.
Frente a ese escenario, Donald Trump lanzó una propuesta ambiciosa: crear una alianza naval internacional que escolte a los petroleros que cruzan el estrecho.
La invitación fue directa a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido. El objetivo: garantizar el flujo del petróleo y evitar que Teherán convierta Ormuz en un cuello de botella del comercio global.
Pero la respuesta fue fría.
Los socios europeos de la OTAN se mostraron reticentes a involucrarse en una operación militar en pleno conflicto, y Beijing directamente guarda silencio. De hecho, China mantiene su propio equilibrio: Irán permite navegar sin restricciones a los buques con bandera china.
Trump reaccionó con presión política.
El presidente estadounidense advirtió que una negativa podría tener consecuencias para el futuro de la OTAN, dejando claro que espera respaldo de sus aliados.
Mientras tanto, el Pentágono ya empezó a mover fichas.
La Unidad Expedicionaria 31 de Marines —2.200 infantes de marina con vehículos blindados, artillería, helicópteros y aviones F-35B— navega rumbo a Medio Oriente a bordo del buque de asalto anfibio USS Tripoli, acompañada por otros barcos de apoyo.
El problema es que ese despliegue no alcanza para custodiar el tráfico petrolero.
Según cálculos del propio Pentágono, harían falta dos buques de guerra por cada petrolero o una docena de barcos para escoltar convoyes de entre cinco y diez cargueros. Sin una coalición internacional, Estados Unidos debería asumir ese operativo prácticamente solo.
Ahí aparece el escenario más delicado: que los Marines terminen desplegados directamente en el estrecho o incluso en costas cercanas de Emiratos Árabes Unidos para garantizar la navegación.
Una decisión de ese tipo implicaría un cambio fuerte en el conflicto: tropas estadounidenses participando de forma directa frente a Irán en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
El contexto tampoco ayuda.
Irán continúa lanzando misiles contra objetivos en la región, mientras el precio del petróleo ya empezó a subir. Y en Washington el calendario electoral pesa: un aumento fuerte del combustible podría impactar de lleno en las elecciones legislativas de medio término.
Trump prometió anunciar su decisión en los próximos días.
La pregunta que queda flotando es incómoda:
si nadie quiere sumarse a la escolta naval, ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para mantener abierto el grifo del petróleo mundial?