
El histórico director del INDEC presentó su renuncia luego de la actualización del índice de inflación, que modifica de manera sensible el peso de tarifas y servicios en el cálculo oficial.
Marco Lavagna presentó este lunes su renuncia a la dirección del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), cargo que ocupaba desde diciembre de 2019. La salida se produce en un momento clave: semanas después de que el organismo comenzara a aplicar una nueva canasta para medir el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Lavagna había logrado sostener un perfil técnico que le permitió continuar en el cargo pese al cambio de gobierno y al giro político que implicó la llegada de Javier Milei. Sin embargo, su renuncia llega justo cuando el INDEC empieza a modificar uno de los indicadores más sensibles de la economía argentina: la inflación.
El cambio central está en la actualización de la canasta de consumo. A partir de ahora, el IPC se calcula con datos de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017–2018, en reemplazo de una estructura basada en hábitos de consumo de 2004. En términos simples, el índice empieza a parecerse más a cómo gastan hoy las familias.
Eso trae consecuencias concretas. Rubros como vivienda, agua, electricidad y combustibles pasan de pesar 9,4% a 14,5% del total. En la práctica, cada aumento de tarifas tendrá un impacto mayor en el número final de inflación que el que tenía hasta ahora. También ganan relevancia servicios como internet y telefonía, casi inexistentes en la vieja medición.
Desde el organismo evitaron vincular la renuncia con el cambio metodológico. Oficialmente, se trató de una decisión comunicada internamente, sin mayores explicaciones. Pero el contexto es difícil de ignorar: nuevo índice, nuevo impacto y una economía donde cada décima de inflación se mira con lupa.
La pregunta queda flotando: ¿la salida de Lavagna marca el cierre de una etapa técnica en el INDEC o abre una nueva discusión sobre cómo se mide —y se comunica— la inflación en la Argentina?