
Sin mayorías en la Legislatura, La Libertad Avanza impulsa una reforma constitucional en Buenos Aires para eliminar el Senado, achicar el Estado y cambiar el sistema político. No buscan aprobarla hoy: buscan discutirla, exponer resistencias y convertirla en bandera electoral para 2027.
Mientras la política bonaerense discute la coyuntura, La Libertad Avanza empezó a empujar un debate estructural: cambiar la Constitución provincial. La propuesta incluye eliminar el Senado, avanzar hacia una Legislatura unicameral, limitar el endeudamiento, reformar el sistema electoral y rediseñar el Estado provincial.
El dato clave no es solo qué proponen, sino cuándo y cómo. Hoy LLA está lejos de las mayorías necesarias para una reforma de este tipo. Con 9 senadores sobre 46 y 21 diputados sobre 92, la viabilidad legislativa es prácticamente nula. Aun así, el espacio decidió avanzar igual. ¿Por qué? Porque la apuesta no es jurídica, es política.
Desde el armado libertario explican que el objetivo es instalar una discusión de fondo y correr el eje del debate público. En su diagnóstico, el sistema bonaerense se sostiene por acuerdos cruzados, endeudamiento recurrente y estructuras que se autoprotegen. La votación del endeudamiento provincial en diciembre —aprobado con aval transversal— fue leída como una confirmación de ese funcionamiento.
El corazón de la propuesta es la eliminación del Senado provincial. El argumento es simple y explosivo: dos cámaras para hacer prácticamente lo mismo, con doble estructura, doble gasto y doble negociación. Según esa mirada, el sistema bicameral no mejora la representación, pero sí encarece y traba el funcionamiento del Estado.
A eso se suma un paquete más amplio: boleta única, eliminación de las PASO, reducción de ministerios, revisión de organismos superpuestos y una reorganización territorial que podría incluir la división de municipios superpoblados y la unificación de otros con baja densidad. También aparece la intención de reforzar constitucionalmente la propiedad privada, limitar el endeudamiento y redefinir el esquema de seguridad.
Nada de esto se presenta como un proyecto inminente. En LLA lo admiten: hoy no pasa. Pero insisten en que el solo hecho de ponerlo sobre la mesa obliga al resto del sistema político a definirse. La reforma constitucional funciona así como una herramienta para marcar diferencias, ordenar el discurso y tensionar el statu quo.
El primer paso será un congreso partidario provincial, previsto para este año, donde buscarán bajar estas ideas a un programa concreto. El horizonte está claro: 2027. Gobernar la provincia que concentra cerca del 40% de la población del país implica, para el espacio libertario, cambiar las reglas de juego y no solo administrar lo existente.
La discusión recién empieza. No hay votos, no hay fechas, no hay consensos. Pero hay una decisión política: incomodar al sistema y forzar una pregunta que muchos prefieren esquivar.
¿Reforma necesaria o promesa de campaña? La respuesta, como casi todo en Buenos Aires, se juega en las urnas.