
Una investigación reveló que una red vinculada a Rusia creó identidades falsas con inteligencia artificial para publicar artículos en medios locales.
El objetivo: influir en la agenda política con contenido crítico al gobierno libertario.
Una trama de desinformación con financiamiento externo, tecnología de punta y nombres inventados logró infiltrarse en medios argentinos sin hacer demasiado ruido. Hasta ahora.
Documentos filtrados confirmaron que una red vinculada a intereses rusos utilizó periodistas falsos generados con inteligencia artificial para firmar artículos en distintos portales locales. No eran errores ni seudónimos: eran identidades completamente fabricadas.
El mecanismo combinaba varias capas. Por un lado, perfiles con nombres creíbles pero sin trayectoria verificable. Por otro, fotos generadas digitalmente o recicladas de bancos de imágenes. Y como frutilla del postre, títulos académicos falsos para reforzar la apariencia de legitimidad.
Uno de los casos más expuestos es el de Manuel Godsin, un supuesto doctor en estudios estratégicos que nunca existió. Su imagen correspondía a un ciudadano ruso y su nombre ya había sido detectado en operaciones similares en África. No era un periodista: era un avatar.
La lógica se repitió con otras firmas como Gabriel Di Taranto, Juan Carlos López y Marcelo Lopreiatto. Entre todos, firmaron decenas de artículos en medios argentinos. En algunos casos, incluso se les atribuían estudios universitarios que las propias instituciones desmintieron.
El dato más sensible no es solo la falsedad de las identidades, sino la circulación efectiva del contenido. Según la investigación, estos artículos no quedaron en los márgenes: se publicaron en medios de alcance nacional y formaron parte del flujo informativo cotidiano.
El financiamiento también deja huella. Los documentos indican pagos por decenas de miles de dólares para instalar estos contenidos. No era improvisación: era una estrategia coordinada.
El objetivo era claro: influir en la conversación pública argentina con narrativas alineadas a intereses rusos, muchas de ellas críticas del gobierno de Javier Milei.
La operación deja una pregunta incómoda flotando en el sistema mediático:
si perfiles inexistentes lograron colarse con facilidad, ¿cuánto de lo que circula hoy tiene nombre propio… y cuánto es apenas una máscara bien diseñada?