
Con el barril de petróleo superando los u$s100 y subas del 20% en marzo, el Ejecutivo busca contener el impacto en el surtidor. La estrategia combina alivio fiscal y cambios técnicos, en un contexto donde la inflación sigue sin ceder.
El Gobierno salió a intervenir en el precio de los combustibles con dos decisiones concretas: postergó la actualización de impuestos y habilitó a las petroleras a usar más bioetanol en las naftas. Todo con un objetivo inmediato: evitar otro salto en el surtidor en plena presión inflacionaria.
Por un lado, suspendió el aumento del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al dióxido de carbono que debía aplicarse en abril. No es la primera vez: durante 2025 y lo que va de 2026, las actualizaciones se vienen aplicando de forma parcial para amortiguar el impacto en precios.
Por otro, la Secretaría de Energía modificó la normativa para permitir mayor contenido de bioetanol en las naftas. El cambio técnico eleva el límite de oxígeno y abre la puerta a mezclas de hasta 15%, de forma voluntaria para las refinadoras. La lógica es simple: más componente local, menos dependencia del petróleo internacional.
El movimiento llega en un momento crítico. La nafta ya subió cerca de un 20% en marzo y acumula más de 60% interanual, muy por encima de la inflación. El detonante es externo —la suba del crudo por el conflicto en Medio Oriente—, pero el impacto es doméstico: presión directa sobre el índice de precios.
Sin embargo, hay un dato incómodo que atraviesa toda la discusión: casi el 47% del precio final del combustible son impuestos. Es decir, aun con el petróleo en alza, el Estado sigue siendo un actor central en el valor que paga el consumidor.
En paralelo, YPF empezó a aplicar un sistema de micropricing que ajusta precios en tiempo real. Cargar de madrugada puede ser hasta 8% más barato, en un esquema que busca suavizar el impacto sin tocar el precio base.
El Gobierno eligió ganar tiempo: contener el surtidor hoy para evitar un salto en la inflación mañana. Pero entre impuestos postergados y cambios técnicos, el problema de fondo sigue intacto. La pregunta ya no es si la nafta va a subir, sino cuándo.