
En plena tensión interna, Máximo Kirchner propuso que Axel Kicillof presida el PJ bonaerense para sellar la unidad. La jugada busca ordenar el tablero, pero deja más preguntas que certezas.
El peronismo bonaerense volvió a sacudirse este jueves con una propuesta que reconfigura la pelea por el poder interno. Máximo Kirchner hizo saber que su idea para cerrar la grieta dentro del PJ es que Axel Kicillof asuma la presidencia del partido en la provincia.
El planteo aparece en medio de una interna cada vez más expuesta entre La Cámpora y el Movimiento Derecho al Futuro, el espacio que responde al gobernador. La lógica de Máximo es simple: si Kicillof es el principal actor político del peronismo bonaerense, que también se quede con el mando partidario y termine con los idas y vueltas.
Desde el kirchnerismo argumentan que el esquema replica lo que ocurre en otras provincias gobernadas por el PJ y que, además, fortalecería la figura del gobernador de cara a los próximos años. Máximo, incluso, dejó trascender que no tiene intención de seguir al frente del partido si eso garantiza la “unidad con todos adentro”.
Pero del otro lado, el silencio de Kicillof sigue siendo el dato más ruidoso. El gobernador ya había esquivado un pedido similar meses atrás y optó por consolidar su propio armado político. Ante esa falta de definición, comenzaron a circular otros nombres: Verónica Magario, Federico Otermín, Mariel Fernández e incluso Julio Alak.
Mientras tanto, el gobernador compartió un asado con ministros e intendentes del MDF para analizar el escenario. Nadie habló públicamente, pero trascendió que Magario seguía en carrera. La escena, más que cerrar, expuso que la unidad todavía está en discusión.
En paralelo, la Junta Electoral del PJ estiró los plazos para la presentación de avales y candidaturas, una señal clara de que el acuerdo aún no está cerrado y que la rosca sigue abierta hasta último momento.
La jugada de Máximo busca ordenar, pero también concentra poder: partido y gobierno bajo una misma conducción. La incógnita ahora es si Kicillof aceptará el desafío o volverá a esquivar la silla partidaria. Y, sobre todo, si esta unidad es una solución real o apenas un parche para una interna que sigue sin resolverse.