
Un violento robo en La Loma expone un patrón cada vez más repetido: inteligencia previa, ingreso calculado y víctimas completamente indefensas dentro de su propia casa.
El viernes por la noche, cerca de las 20.50, un grupo de al menos tres delincuentes irrumpió en una vivienda ubicada en 24 entre 39 y 40, a metros del Parque Alberti, en La Plata. El episodio dejó al descubierto un nivel de violencia y planificación que ya no sorprende, pero sí alarma.
El dueño de casa, un hombre de 65 años, escuchó ruidos en el patio trasero y al salir se encontró con los asaltantes. Fue reducido de inmediato: lo amenazaron con una barra de hierro, le sacaron el celular y lo maniataron con un cable. En el piso, inmovilizado, recibió una advertencia directa: “Te vamos a cortar los dedos”.
Mientras tanto, su esposa, de 61 años, logró reaccionar a tiempo. Subió a la planta alta, se encerró en su habitación y se escondió en un altillo desde donde pudo comunicarse con la Policía y su hijo. Los delincuentes revisaron la casa, pero no lograron encontrarla.
El objetivo era claro. Los asaltantes accedieron a la caja fuerte y se llevaron alrededor de 10 millones de pesos, armas de fuego, diamantes, joyas y un reloj de alta gama. Escaparon antes de que llegaran los efectivos.
Sin embargo, hay un dato que cambia la lectura del hecho. Una hora antes, cerca de las 19, un hombre había tocado timbre haciéndose pasar por delivery, sin ningún pedido en mano. Para las víctimas, no fue casualidad. Para los investigadores, es la principal pista: todo indica que el robo fue previamente estudiado.
El episodio vuelve a poner en foco una dinámica que se repite en distintos puntos de la ciudad: entraderas cada vez más violentas, con información previa y ejecución rápida. Ya no se trata solo de oportunidad, sino de logística.
La pregunta que queda flotando es incómoda: si los robos se planifican con este nivel de detalle, ¿qué tan expuesta está cualquier casa en La Plata hoy?