
Después del fuerte salto de diciembre impulsado por el trigo, enero dejó señales mixtas: alivio en la industria desde niveles muy bajos y retroceso en el agro. El tablero económico muestra movimiento, pero todavía con diferencias marcadas entre sectores.
El cierre de 2025 había sorprendido. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció 1,8% en diciembre, su mayor avance en un año y medio, impulsado principalmente por la cosecha récord de trigo. Sin ese empuje, el resto de la actividad todavía se ubicaba levemente por debajo de los niveles de febrero de 2025.
Con ese antecedente, enero arrancó con un panorama más equilibrado… y más exigente.
Según proyecciones privadas, la industria manufacturera habría crecido entre 1,2% y 2,1% mensual, cortando una racha de tres caídas consecutivas. Es un dato relevante porque venía golpeada desde principios del año pasado. Sin embargo, el rebote parte de un piso bajo y todavía no se consolida como tendencia firme.
El agro, en cambio, habría retrocedido cerca de 8% respecto a diciembre. No se trata de un derrumbe estructural, sino del efecto estadístico: el trigo pesa mucho más en el último mes del año y en enero ese impulso se diluye, mientras comienzan a ganar protagonismo otras campañas como maíz y girasol.
La heterogeneidad sigue siendo la foto dominante. Mientras el agro, hidrocarburos y minería mostraron dinamismo interanual, sectores como comercio, bienes de capital y consumo durable siguen en terreno negativo. En enero, la producción de bienes de capital cayó más de 15% interanual y la de bienes durables más de 21%, señales que todavía encienden luces amarillas.
A esto se suman factores de corto plazo: el cierre de la planta de Fate y posibles paradas en la industria automotriz podrían afectar febrero. Al mismo tiempo, el Gobierno enfrenta el desafío de sostener la desaceleración inflacionaria en un contexto de tipo de cambio apreciado y apertura comercial más marcada.
De cara al año, algunas consultoras destacan que el arrastre estadístico ya es positivo: si el nivel de actividad se mantiene estable respecto al último trimestre, el PBI podría crecer alrededor de 0,8% en 2026. No es un boom, pero sí un cambio de clima respecto al año de ajuste inicial.
La pregunta que queda flotando es clara: ¿estamos viendo el punto de giro de una economía que empieza a ordenarse después del shock, o todavía falta atravesar meses de transición antes de que el crecimiento sea más amplio y sostenido?