
Una imagen relajada y una frase introspectiva bastaron para encender las redes y reabrir el debate sobre límites, estética y estrategia digital en la política.
El fin de semana político tuvo su propio episodio viral cuando Leila Gianni, concejal de La Libertad Avanza en La Matanza, publicó una foto desde un jacuzzi acompañada por una frase reflexiva. En pocas horas, la imagen acumuló miles de likes y una catarata de comentarios que rozaron el millar.
La reacción fue inmediata y partida. Un sector cuestionó el contenido por considerarlo impropio para una funcionaria pública, señalando una desconexión entre la responsabilidad institucional y la estética influencer. Aparecieron críticas directas y reproches por la exposición.
Del otro lado, muchos salieron a bancarla. Argumentaron que la vida privada no debería ser motivo de escrutinio constante y celebraron la libertad de mostrarse sin el molde clásico del político acartonado. Entre emojis, chistes y debates, el posteo se convirtió en una pequeña arena pública.
Más allá de gustos personales, el episodio dejó un dato claro: la visibilidad digital sigue siendo un activo poderoso. En un ecosistema donde la atención vale oro, una imagen puede generar más conversación que un comunicado entero.
La pregunta queda abierta: ¿hasta dónde es vida privada y desde cuándo es estrategia política? En redes, esa frontera es cada vez más difusa. Y Gianni volvió a ponerla en discusión.