
El Gobierno retiró un retrato emblemático del peronismo por razones técnicas y evalúa nuevos símbolos para ocupar ese lugar. Messi aparece como la opción más fuerte en medio de un rediseño cultural del Estado.
El Gobierno nacional dispuso retirar una réplica del histórico cuadro de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón que se encontraba en un sector clave de la Casa Rosada. La decisión fue tomada por la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, y se justificó en problemas estructurales detectados en los soportes de exhibición.
Según explicaron fuentes oficiales, los cambios de temperatura y ciertas fallas en la instalación ponían en riesgo la conservación de la obra. Por ese motivo, tanto el cuadro como una gigantografía del glaciar Perito Moreno fueron trasladados al Museo del Bicentenario para su preservación.
Pero más allá del argumento técnico, la decisión se inscribe en una lógica más amplia de reordenamiento simbólico impulsada por el oficialismo. En ese marco, ya se analizan distintas alternativas para ocupar el espacio vacante, desde figuras históricas como Sarmiento, Belgrano o Alberdi, hasta una opción que gana fuerza en las últimas horas: Lionel Messi.
La eventual incorporación del capitán de la Selección campeona del mundo marcaría un cambio de enfoque en la representación institucional, privilegiando figuras de consenso social por sobre identidades políticas partidarias.
El movimiento no es aislado. En los últimos meses, el Gobierno avanzó con la remoción de símbolos vinculados al kirchnerismo y al peronismo en distintas dependencias estatales, en lo que define como una “batalla cultural” orientada a redefinir los valores que representa el Estado.
En paralelo, también se evalúa reemplazar la imagen del glaciar Perito Moreno por una gigantografía de las Cataratas del Iguazú, manteniendo la presencia de paisajes naturales como parte de la estética del edificio.
Con decisiones que combinan argumentos técnicos y señales políticas, la Casa Rosada empieza a mostrar otra narrativa visual: menos pasado partidario, más símbolos amplios. El debate ya no es solo qué se cuelga en las paredes, sino qué historia decide contar el poder.