
En plena crisis del servicio, el Gobierno bonaerense habilitó una asistencia millonaria para ABSA. Los fondos buscan cubrir gastos y reactivar obras, pero los reclamos vecinales y la judicialización del conflicto siguen creciendo.
El Gobierno de la provincia de Buenos Aires decidió salir al rescate de ABSA con una asistencia financiera extraordinaria que supera los $21.000 millones. El auxilio quedó formalizado a través del Decreto 38/2026 y contempla dos vías: hasta $18.000 millones para sostener los costos operativos del primer trimestre y otros $3.984 millones destinados a reactivar obras que quedaron paralizadas.
Según el esquema aprobado, los fondos operativos se girarán en cuotas mensuales de hasta $6.000 millones entre enero y marzo, aunque los desembolsos de febrero y marzo quedarán sujetos a revisión. En paralelo, el dinero para obras apunta a proyectos que originalmente financiaba Nación y que quedaron frenados, obligando a la Provincia a asumir compromisos para evitar que las intervenciones queden abandonadas.
El decreto también establece que ABSA deberá aumentar su capital social, en proporción al aporte recibido, y cuenta con el aval de múltiples áreas de control y organismos técnicos del Estado provincial. En los papeles, el respaldo institucional es total.
El problema aparece fuera del expediente. En La Plata, la asistencia millonaria convive con una realidad que no mejora: barrios enteros con cortes prolongados, presión mínima y agua que, cuando llega, no siempre es potable. Tolosa, Gonnet, Los Hornos, Villa Elvira, Ringuelet y Altos de San Lorenzo concentran reclamos que ya escalaron al plano judicial.
En ese contexto, la UCR anunció un amparo para frenar el aumento tarifario del 40% y los ajustes automáticos bimestrales impulsados por la empresa. El argumento es simple y directo: cobrar más por un servicio que no funciona. También reclaman un plan de contingencia, abastecimiento alternativo y la puesta en marcha del Observatorio del Agua en el Concejo Deliberante.
Mientras tanto, en los barrios la sensación es otra: camiones cisterna como solución de emergencia, obras inconclusas y respuestas que no llegan. La Provincia apuesta a que el salvavidas financiero le devuelva oxígeno a ABSA. La duda es si esos millones se van a traducir en mejoras visibles o si, una vez más, el dinero llegará antes que el agua.