Desde los doce pasos, el Pincha escribió otra noche épica
Estudiantes volvió a demostrar que su identidad se forja en la resistencia. En una final cargada de tensión, calor sofocante y emociones tardías, el equipo platense se consagró campeón del Torneo Clausura tras igualar 1 a 1 con Racing en los 120 minutos y vencerlo 5 a 4 en la definición por penales. No fue el que más propuso, pero sí el que menos falló cuando el margen se redujo al mínimo.
El partido fue discreto durante largos pasajes, incluso previsible, hasta que el desenlace lo transformó todo. La Academia había encontrado la ventaja gracias a una obra de arte de Adrián “Maravilla” Martínez, quien, aislado y exigido durante toda la noche, eligió el momento justo para inventar una definición tan audaz como perfecta. Pinchó la pelota con la pierna menos hábil y dejó sin chances al arquero, confirmando que los goleadores viven al margen de cualquier lógica.
Estudiantes parecía resignado. Sin presión alta, con dificultades físicas evidentes y poca fluidez en ataque, daba la sensación de estar esperando que el partido se le escapara de las manos. Guido Carrillo, desgastado y errático, incluso había desperdiciado una ocasión increíble que provocó incredulidad generalizada en las tribunas y en la zona de prensa. Pero Eduardo Domínguez lo sostuvo en cancha y la decisión tuvo premio: a los 93 minutos, cuando la final se apagaba, Carrillo apareció en el aire y con un cabezazo quirúrgico decretó el empate.
La paradoja acompañó toda la noche. Mientras la hinchada de Estudiantes empujaba sin descanso desde las tribunas, el equipo se mostró cauteloso, casi estático, permitiendo que Racing tomara la iniciativa. La Academia entendió rápido el escenario y volcó buena parte de su juego por el sector izquierdo, con Duván Vergara creciendo con el correr de los minutos y asociándose con las subidas de Gabriel Rojas y la claridad de Agustín Almendra.
Sin embargo, el dominio no se tradujo en diferencia. El tiempo suplementario mantuvo la paridad: un primer tramo sin sobresaltos y un segundo en el que Racing estuvo más cerca del triunfo, aunque sin la contundencia necesaria para evitar el desenlace inevitable.
En los penales emergió la figura de Fernando Muslera, decisivo bajo los tres palos. Hubo atajadas, remates fallidos, tensión extrema y hasta una lesión en medio de la ejecución. Estudiantes comenzó pateando y terminó celebrando, fiel a una mística que suele imponerse en este tipo de definiciones.
El título tuvo además un sabor particular: después de meses de conflicto institucional, el Pincha cerró su campaña levantando el trofeo y recibiendo las medallas de manos de Claudio Tapia, en una postal impensada tiempo atrás.
No fue una final brillante. Fue una final dura, espesa y dramática. Y en ese terreno, Estudiantes volvió a sentirse como en casa.