
Un asalto ocurrido en Recoleta en 2021 abrió una ventana incómoda dentro de la estructura de la AFA. Chats, mochilas con efectivo y dudas internas aparecen en un expediente que terminó archivado, pero dejó pistas sobre cómo se movía el dinero.
El 28 de abril de 2021, un robo callejero en pleno barrio de Recoleta terminó generando inquietud dentro de la Asociación del Fútbol Argentino.
Ese día, Juan Pablo Beacon —por entonces colaborador cercano del tesorero de la AFA, Pablo Toviggino— circulaba en auto junto a Bruno Seguel. Según consta en registros judiciales, trasladaban bolsos con dinero en efectivo.
En la esquina de avenida Alvear y Parera, dos motochorros rompieron uno de los vidrios del vehículo, tomaron una mochila y escaparon rápidamente.
Minutos después, Beacon avisó por WhatsApp a su jefe. El mensaje dejó ver el nivel de preocupación: “O estaban mal dateados o estamos jugados. Ayer fui con 300!!”.
El episodio derivó en una causa judicial en la Fiscalía 45 del fuero criminal y correccional. Según fuentes judiciales, hubo un lesionado y el SAME intervino en el lugar, lo que obligó a realizar una denuncia formal en la comisaría.
Pero en esa declaración, Beacon sostuvo que lo sustraído eran documentos personales: escrituras de una propiedad en Moreno, tarjetas de débito, una SUBE y una tarjeta 365.
El expediente finalmente fue archivado por falta de pruebas.
Sin embargo, los mensajes posteriores muestran que dentro del propio entorno del tesorero de la AFA se preguntaban si el robo había sido al azar o si alguien había filtrado información.
En uno de los chats se menciona que un colaborador había ido a una “cueva” financiera ese mismo día y aparece la sospecha de que el movimiento pudo haber sido observado.
A partir de ese episodio, según registros incorporados a otras investigaciones judiciales, se reforzó el control interno sobre el traslado de dinero. Los movimientos comenzaron a documentarse con fotos y videos para dejar constancia de cada operación.
El circuito, según la investigación periodística, comenzaba en financieras de la city porteña y terminaba en un domicilio vinculado a Toviggino en la zona de Montevideo y Quintana, a pocas cuadras del lugar del asalto.
El efectivo se transportaba en mochilas, bolsas o incluso cajas de vino.
La operatoria coincide en el tiempo con otras investigaciones que analizan posibles desvíos de fondos vinculados a la AFA mediante intermediarias en el exterior.
Algunas de esas maniobras habrían incluido transferencias millonarias hacia empresas radicadas en Miami.
El robo de Recoleta quedó archivado como un hecho policial más.
Pero el episodio dejó una duda flotando:
si un simple asalto pudo poner en alerta a toda una estructura de traslado de dinero, ¿qué más podría aparecer si alguien sigue la ruta completa de esos bolsos?