
A 50 años del inicio de la última dictadura, la Casa Rosada difundió un video oficial que propone una “lectura completa” de los años 70. El enfoque suma nuevos testimonios y reabre la discusión sobre cómo se construye la memoria en Argentina.
En el marco del 50 aniversario del 24 de marzo de 1976, el Gobierno nacional lanzó un mensaje oficial acompañado por un video de más de una hora que busca ofrecer una “historia completa” sobre los hechos previos y posteriores a la dictadura.
El material evita utilizar el término “golpe de Estado” y plantea en cambio la necesidad de avanzar hacia una “memoria, verdad y justicia completa”. La definición no es menor: implica un corrimiento respecto del consenso narrativo que dominó las últimas décadas en torno al terrorismo de Estado como eje central del análisis histórico.
El video incorpora dos testimonios que funcionan como anclajes del nuevo enfoque. Por un lado, el caso de Miriam Fernández, hija de desaparecidos, quien —según el relato oficial— habría sido revictimizada por el propio Estado al ser obligada a someterse a un estudio de ADN. Por otro, la historia de Arturo Larrabure, hijo de un militar secuestrado y asesinado por una organización guerrillera en 1974.
La selección de voces no es casual: introduce en la escena oficial relatos vinculados a víctimas de la violencia previa al golpe, en línea con la idea de ampliar el foco histórico. El mensaje que acompaña el video refuerza esa intención: “solo una sociedad que mira su pasado con libertad puede aprender de él y evitar repetir sus tragedias”.
La iniciativa se da en paralelo a una jornada marcada por movilizaciones masivas en todo el país. Organismos de derechos humanos, agrupaciones sociales y partidos políticos convocaron a marchar en unidad bajo consignas críticas al Gobierno, en una fecha históricamente asociada a la denuncia del terrorismo de Estado.
Desde Plaza de Mayo hasta Rosario, Córdoba, Mendoza y Tucumán, las calles vuelven a ser escenario de una conmemoración que, este año, suma un nuevo componente: la disputa explícita por el sentido del pasado.
A cinco décadas del golpe, la memoria dejó de ser un terreno estable. El Gobierno busca ampliar el relato; la calle lo tensiona. Y en el medio, vuelve una pregunta incómoda: quién cuenta la historia y con qué recorte.