
La campaña agrícola 2025/26 se encamina a romper un récord histórico de producción. Más granos significan más dólares para la economía, justo cuando el Gobierno necesita fortalecer reservas y sostener el superávit.
La Argentina se encamina a una de las mejores campañas agrícolas de su historia. Según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la producción total de granos alcanzaría 147,9 millones de toneladas, un 13% más que el ciclo pasado y por encima del récord anterior de 140,1 millones registrado en 2018/2019.
El cálculo incluye los seis cultivos principales del país: soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada. El trigo fue el gran protagonista de la campaña, con un salto del 49% en producción, pasando de 18,6 a 27,8 millones de toneladas.
En el caso del maíz, se proyectan 57 millones de toneladas, un 16% más que la campaña anterior. El girasol, en tanto, crecería un 24%, hasta las 6,2 millones de toneladas.
Este volumen de producción también impactará en el comercio exterior. La Bolsa de Cereales estima que las exportaciones agrícolas alcanzarán los US$36.386 millones, unos US$2464 millones más que el año pasado, lo que representa un crecimiento del 7,3%.
El dato es relevante para el Gobierno de Javier Milei, que busca sostener el superávit fiscal y reforzar el ingreso de dólares al Banco Central en un contexto económico todavía sensible.
En términos de volumen exportado, se proyectan 106,7 millones de toneladas, un aumento del 8% interanual. Entre los principales envíos al exterior se destacan:
- Trigo: 17,3 millones de toneladas (+37%)
- Maíz: 37,5 millones (+25%)
- Harina de soja: 28,5 millones de toneladas
- Aceite de girasol: 1,51 millones de toneladas
Sin embargo, no todo es optimismo dentro del sector. Los productores advierten que, pese al volumen récord, los márgenes siguen ajustados, sobre todo para quienes trabajan con campos alquilados. Con precios internacionales relativamente bajos, muchos sostienen que sólo con rendimientos altos pueden cerrar números positivos.
Además, la campaña tuvo momentos de incertidumbre climática. Tras un arranque con buenas condiciones de humedad, las lluvias se cortaron entre diciembre y enero, afectando algunas zonas agrícolas. Las precipitaciones posteriores mejoraron la situación, pero dejaron un mapa productivo desigual, especialmente en partes del centro y sur de Buenos Aires.
El escenario se completa con una leve baja de retenciones aplicada a fines del año pasado: la soja pasó del 26% al 24% y el maíz del 9,5% al 8,5%.
Más granos, más exportaciones y más dólares para la economía. La pregunta que empieza a circular en el sector es otra: ¿el récord productivo alcanza para ordenar las cuentas del país o sólo gana tiempo?