
El piloto argentino hará una exhibición en Buenos Aires con un F1 y el evento apunta a algo más grande: convencer a la Fórmula 1 de volver al país. La escena ya está pensada como argumento de negociación.
Franco Colapinto tendrá su primera gran postal en casa: el domingo 26 de abril correrá un auto de Fórmula 1 en pleno Palermo, sobre un circuito urbano de dos kilómetros armado entre Avenida del Libertador y Sarmiento. Pero detrás del espectáculo hay algo más que adrenalina.
El evento, impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires junto a sponsors privados, funciona como una jugada estratégica: mostrar capacidad organizativa, convocatoria masiva y clima de Fórmula 1 en la calle para negociar el regreso del Gran Premio al país.
La apuesta no es menor. Las imágenes de Colapinto frente a una multitud serán parte del argumento que el GCBA llevará a su reunión con Liberty Media —empresa dueña de la F1— durante el Gran Premio de Miami, a principios de mayo. La lógica es clara: si Buenos Aires demuestra que puede movilizar público y sponsors, gana puntos en un calendario cada vez más competitivo.
En pista, el piloto de 22 años manejará un Lotus E20 —redecorado con los colores de Alpine—, un modelo previo a la era híbrida. Traducido: motor V8, ruido fuerte y espectáculo asegurado. No es un auto actual de carrera, pero sí lo suficientemente potente como para generar impacto visual y emocional.
Mientras tanto, el Autódromo Oscar y Juan Gálvez atraviesa una remodelación histórica, con el objetivo de recibir MotoGP en 2027 y, si las negociaciones prosperan, volver a albergar la Fórmula 1 en 2028. El problema no es solo la infraestructura: hoy una cuarta parte del calendario ya se disputa en América, lo que limita los espacios disponibles.
El road show de Colapinto, entonces, no es un evento aislado. Es una pieza dentro de una estrategia mayor donde deporte, negocio y política se cruzan. Y donde una imagen —un piloto argentino en un F1, con miles de personas alrededor— puede valer más que cualquier discurso.
La pregunta no es si el evento va a convocar. La incógnita real es si esa postal alcanza para que la Fórmula 1 vuelva a mirar a Buenos Aires como algo más que un recuerdo.