
Después de tres décadas al frente del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes fue abatido en un operativo conjunto entre México y Estados Unidos. La caída del hombre más buscado del país desató una ola de violencia que volvió a exponer el poder territorial del narco.
Fueron más de 30 años de criminalidad, miles de muertos y una recompensa de USD 15 millones ofrecida por Estados Unidos. El domingo 22 de febrero de 2026, el Ejército mexicano, con apoyo de agencias estadounidenses, ejecutó el operativo que terminó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El enfrentamiento ocurrió en la sierra de Tapalpa, Jalisco. Según la Secretaría de la Defensa Nacional, fuerzas especiales, aeronaves militares, la Guardia Nacional y el Centro Nacional de Inteligencia participaron del despliegue. La diferencia clave respecto a otros intentos: cooperación directa con Estados Unidos.
“El Mencho” quedó gravemente herido y murió durante su traslado en helicóptero a la capital.
El saldo oficial incluyó cuatro miembros del CJNG abatidos, dos detenidos y un arsenal incautado que incluyó lanzacohetes capaces de derribar aeronaves. No es un detalle menor: el CJNG operaba con lógica de ejército irregular, con “narco-tanques” blindados artesanales, drones con explosivos y ataques de alto impacto como el derribo de un helicóptero militar en 2015.
Pero la muerte del líder no trajo calma.
Horas después, siete estados mexicanos registraron bloqueos, vehículos incendiados y tiroteos coordinados. Guadalajara, sede del próximo Mundial 2026, quedó paralizada con más de 30 puntos de conflicto. Puerto Vallarta, destino turístico internacional, mostró escenas de humo y pánico. Aerolíneas suspendieron vuelos y embajadas emitieron alertas para sus ciudadanos.
El mensaje fue claro: el jefe cayó, pero la estructura sigue operativa.
El CJNG, especializado en fentanilo y metanfetaminas —claves en la crisis de opioides en Estados Unidos— tiene presencia en más de 40 países. A diferencia de otros cárteles, no hay un sucesor evidente. El hijo biológico de “El Mencho” cumple cadena perpetua en EE.UU. y los nombres que suenan en inteligencia anticipan posibles disputas internas.
Ahí está la verdadera incógnita.
La historia reciente del narcotráfico en México muestra que la “decapitación” de líderes suele fragmentar organizaciones y multiplicar la violencia en el corto plazo. El gobierno de Claudia Sheinbaum consiguió el golpe más fuerte contra el crimen organizado en años. Pero la pregunta que sobrevuela es otra:
¿esto desarma al cártel… o abre una guerra por el poder justo cuando el mundo mira a México?