
Una banda armada atacó a una familia de productores en Arturo Seguí, golpeó al dueño y se llevó un botín millonario. La sospecha: no fue un robo al azar.
Un violento asalto en una zona rural de La Plata terminó con una familia de productores despojada de todos sus ahorros. Ocurrió en la madrugada, en una vivienda de Arturo Seguí, donde al menos cinco delincuentes armados irrumpieron mientras todos dormían.
El ataque fue directo y coordinado. Los asaltantes despertaron a la familia a los gritos, redujeron a todos en una habitación y golpearon al dueño de casa, que terminó con una herida en la cabeza. Bajo amenazas, exigieron dinero en efectivo y se llevaron primero $10 millones, producto de la recaudación diaria del emprendimiento.
Pero el dato que cambió todo fue otro: los delincuentes aseguraron conocer la dinámica del negocio. “Ya robamos a otros hueveros, sabemos que hay plata”, advirtieron. La presión surtió efecto y la familia reveló otro escondite con USD 150.000 destinados a refacciones.
Lejos de conformarse, la banda revisó toda la casa, robó celulares y objetos personales, y escapó con apoyo externo: uno de los ladrones fue escuchado coordinando la salida por teléfono.
Los investigadores confirmaron que actuaron con armas de fuego y que al menos uno de los atacantes tenía sangre en la ropa, posiblemente del dueño golpeado. Hasta el momento, la banda sigue prófuga.
El golpe no solo dejó pérdidas millonarias: expuso un patrón incómodo. Cuando el delito deja de ser al voleo y empieza a manejar información precisa, la pregunta ya no es solo cómo roban, sino quién les cuenta.