
Central Córdoba quedó en el centro de una crisis dirigencial tras la salida de sus principales autoridades. La explicación oficial no convence y las internas empiezan a asomar.
Central Córdoba de Santiago del Estero entró en zona de turbulencia. El presidente José Félix Alfano y el vicepresidente primero Víctor Paz Trotta presentaron su renuncia casi en simultáneo, en una decisión que sacudió la estructura del club.
El comunicado oficial intentó bajar el tono: habló de “motivos personales” y desligó la salida de cualquier conflicto institucional. Pero puertas adentro el clima es otro. Las versiones de internas venían creciendo hace semanas y el mal presente deportivo terminó de tensar la cuerda.
El equipo no levanta en la tabla y acumula resultados flojos, como la reciente derrota ante Vélez. Ese contexto expuso diferencias en la conducción sobre cómo encarar el rumbo del club, tanto en lo deportivo como en lo dirigencial.
El dato incómodo es el vínculo político-deportivo: Central Córdoba es uno de los clubes más alineados con el esquema de poder de la AFA, donde Pablo Toviggino es una pieza clave. Por eso, el doble portazo no es un hecho menor: golpea en un espacio que suele mostrarse ordenado hacia afuera.
Tras las renuncias, asumirá de forma interina el vicepresidente segundo, Hernán Zanni, con la misión de sostener la gestión y evitar que la crisis escale.
En el fútbol argentino, las crisis rara vez son solo “personales”. Cuando se van dos cabezas al mismo tiempo, lo que queda no es orden: es una pregunta abierta sobre quién realmente maneja el club… y cuánto impacta eso dentro y fuera de la cancha.