
El organismo confirmó la tendencia a la baja de la inflación, pero ajustó expectativas: será más lenta. También recortó el crecimiento y advirtió por el impacto en la actividad y los ingresos.
El Fondo Monetario Internacional validó el rumbo de desaceleración inflacionaria en Argentina, pero introdujo una advertencia clave: el proceso será más gradual de lo que estimaba meses atrás.
La subdirectora del Departamento de Investigación, Petya Koeva Brooks, explicó que si bien la inflación cayó de 118% en 2024 a 31,5% en 2025, el ritmo de baja ya no será tan acelerado. Para 2026, el organismo proyecta una inflación en torno al 30,4%, bastante por encima del 10% que prevé el Gobierno en el Presupuesto.
En paralelo, el Fondo también ajustó a la baja el crecimiento económico: ahora espera una expansión del 3,5% para este año, medio punto menos que en enero. La explicación no pasa por factores externos sino por la dinámica interna: menor actividad y pérdida de poder adquisitivo producto de la inflación.
Los datos empiezan a mostrar esa tensión. Mientras sectores como el agro y la minería empujan la actividad, la industria y el comercio siguen en terreno negativo. La economía crece, pero de forma desigual y con sectores clave todavía golpeados.
En este contexto, desde el FMI remarcan que el desafío no es solo bajar la inflación, sino sostener ese proceso sin deteriorar aún más los ingresos reales. Una ecuación delicada donde el equilibrio entre estabilidad y crecimiento todavía no está resuelto.
La foto es clara: la inflación baja y el rumbo se sostiene, pero el ritmo se modera. El respaldo externo sigue, aunque con un mensaje implícito: el ajuste funciona, pero no alcanza para acelerar la recuperación.