
El plazo impuesto por Estados Unidos llegó a su punto límite y la tensión escaló al máximo. Irán no afloja el bloqueo del estrecho de Ormuz y Washington ya insinúa una ofensiva directa sobre infraestructura clave.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró en una zona de máxima tensión. A horas de vencer el ultimátum impuesto por Washington para reabrir el estrecho de Ormuz, Donald Trump lanzó una advertencia sin precedentes: “esta noche morirá toda una civilización”.
El mensaje no fue aislado. Forma parte de una escalada discursiva y militar que se viene profundizando en los últimos días. La Casa Blanca había otorgado diez días para negociar un alto al fuego y garantizar la libre circulación por una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Irán, sin embargo, decidió no ceder.
El bloqueo de Ormuz —clave para el comercio global de petróleo— no solo se mantiene, sino que fue acompañado por nuevas amenazas iraníes contra instalaciones estratégicas de aliados de Estados Unidos en el Golfo. La señal es clara: Teherán está dispuesto a tensar al máximo.
Mientras tanto, el conflicto ya muestra hechos concretos en el terreno. Este martes se registraron explosiones en la isla de Kharg, el principal nodo de exportación petrolera iraní, por donde pasa cerca del 90% de su crudo. Medios internacionales atribuyen el ataque a fuerzas estadounidenses, aunque Washington sostiene que el objetivo fue estrictamente militar.
El dato incómodo es otro: el petróleo aparece como el verdadero eje de la disputa. El propio Trump lo dejó entrever al vincular la seguridad energética con el desenlace del conflicto e incluso deslizar la posibilidad de tomar la isla.
Desde Irán, en cambio, buscan mostrar fortaleza. Aseguran que las exportaciones siguen activas pese a los ataques y que el país mantiene capacidad operativa en plena presión militar.
Con el plazo vencido, amenazas cruzadas y ataques en curso, el escenario ya no es de advertencias sino de hechos. La incógnita no es si habrá escalada, sino hasta dónde está dispuesto a llegar cada lado en una guerra donde lo que está en juego no es solo territorio, sino el control de la energía global.