
La Casa Rosada empuja una reforma electoral con dos ejes: boleta única y fin de las PASO. Mientras el oficialismo habla de costos y eficiencia, la resistencia atraviesa a todo el sistema político.
El Gobierno nacional empezó a delinear una de sus jugadas más sensibles: reformar el sistema electoral. Sobre la mesa hay dos cambios concretos: implementar la Boleta Única de Papel y eliminar las PASO tal como funcionan hoy.
La explicación oficial es clara: reducir costos, simplificar el proceso y evitar un esquema que, según sostienen, duplicó elecciones sin mejorar la calidad de la representación. En el Ministerio del Interior lo sintetizan sin vueltas: el sistema actual es caro, largo y poco eficiente.
Pero la reacción política fue inmediata. Desde el peronismo hasta la UCR y el PRO, las críticas coinciden en un punto: nadie quiere perder las primarias. No por romanticismo democrático, sino por lo que permiten: ordenar internas, negociar candidaturas y sostener equilibrios dentro de las coaliciones.
En el PJ, donde los liderazgos están lejos de estar saldados, las PASO funcionan como una válvula de escape. Sin ese mecanismo, la disputa queda adentro de las estructuras partidarias, donde pesan más los aparatos que los votos.
Del lado radical y del PRO, el argumento es parecido: sin PASO, armar frentes se vuelve más complejo y la lapicera vuelve a concentrarse en pocos dirigentes.
Sin embargo, incluso dentro de la oposición reconocen un problema: las primarias actuales casi no tienen competencia real. En muchos casos, son una formalidad que estira el calendario electoral y aumenta el gasto sin resolver nada.
Ahí es donde el Gobierno encuentra su ventana. La apuesta es clara: simplificar el sistema y, de paso, reconfigurar el tablero político en un escenario donde los gobernadores vuelven a ser clave. No solo por sus votos en el Congreso, sino por cómo manejan sus calendarios electorales.
Porque el dato que empieza a asomar es otro: el 2027 no está tan lejos. Si las provincias vuelven a adelantar elecciones, la carrera podría arrancar antes de lo esperado. Y en ese contexto, cambiar las reglas del juego hoy puede definir quién llega mejor parado mañana.