
El equipo económico proyecta que la inflación mensual podría caer por debajo del 1% en los próximos meses. Analistas reconocen avances en el plan, pero advierten que el desafío ahora es más complejo: pasar de inflación alta a niveles similares a los del resto del mundo.
El Gobierno puso sobre la mesa un objetivo ambicioso: que la inflación mensual empiece con “0”.
Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, sostienen que el Índice de Precios al Consumidor podría perforar el 1% mensual hacia agosto o en los meses siguientes. Sería un hito para una economía que durante años convivió con inflaciones de dos y tres dígitos anuales.
La apuesta oficial se apoya en dos pilares centrales: superávit fiscal sostenido —es decir, gastar menos de lo que entra— y una política monetaria restrictiva que evite la emisión para financiar el déficit. Según la visión del equipo económico, ese combo es la base para desarmar la inercia inflacionaria que caracterizó a la economía argentina durante décadas.
Sin embargo, el camino no es lineal.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, que reúne proyecciones de bancos y consultoras privadas, prevé que la inflación seguirá bajando pero todavía lejos de ese número. Según ese informe, el IPC podría descender desde el 2,7% registrado en febrero hasta alrededor del 1,5% en agosto.
Los analistas coinciden en que el proceso de desinflación existe, pero remarcan que la etapa actual es la más difícil.
La experiencia internacional muestra que bajar inflaciones muy altas a niveles intermedios suele lograrse relativamente rápido. El desafío aparece después: pasar de inflaciones cercanas al 30% anual a cifras de un dígito, algo que países como Israel, Chile o Perú lograron, pero con procesos más largos.
En Argentina, además, hay otro factor: el reacomodamiento de precios relativos.
Subas en tarifas, servicios o alimentos pueden impactar en el índice general incluso cuando el resto de los precios se mantiene relativamente estable. Por eso, algunos economistas advierten que estos ajustes —necesarios para ordenar la economía— pueden generar ruido en la medición mensual.
Aun así, varias consultoras reconocen que la estrategia fiscal y monetaria del Gobierno va en la dirección correcta para continuar bajando la inflación.
El desafío, explican, es sostener el proceso sin recurrir a viejas “anclas” que en otros momentos ayudaron a frenar los precios, como atrasar el dólar o comprimir salarios.
En ese escenario, el objetivo de un IPC que empiece con “0” aparece como la próxima meta política y económica.
La pregunta que empieza a circular en el mercado no es si la inflación seguirá bajando —algo en lo que hoy hay bastante consenso— sino cuánto tiempo llevará que Argentina llegue a niveles similares a los del resto del mundo.