
La pelea por la conducción del radicalismo bonaerense expone dos formas de poder dentro del partido: el respaldo territorial de los intendentes del interior y el peso electoral del conurbano. En el medio, una discusión institucional que ya escaló a acusaciones cruzadas.
La Unión Cívica Radical de la provincia de Buenos Aires atraviesa una interna que ya dejó de ser técnica para convertirse en una disputa abierta por el control del partido.
El detonante fue la autoconvocatoria de un sector del Comité Provincia en La Plata para adelantar las elecciones internas, una decisión que desde la conducción encabezada por Miguel Fernández calificaron como irregular y contraria a la Carta Orgánica del partido.
Fernández, presidente del Comité de Contingencia del radicalismo bonaerense, sostuvo que ya existía una convocatoria formal para discutir el tema el 12 de marzo, dentro de los plazos institucionales, por lo que la reunión paralela carecería de validez.
Pero la discusión reglamentaria es apenas la superficie de un conflicto más profundo.

La pelea por el poder radical
Hoy el radicalismo bonaerense se ordena alrededor de dos grandes polos de poder interno.
Por un lado, el sector que responde a Miguel Fernández viene acumulando respaldo territorial en el interior de la provincia. De los 27 intendentes radicales, al menos 15 ya están alineados con su espacio, y en el entorno del dirigente aseguran que otros cinco podrían sumarse en los próximos meses.
Ese dato no es menor: en la UCR, los intendentes suelen funcionar como columna vertebral territorial, con influencia directa sobre comités locales, militancia y estructura política.
Del otro lado aparece el sector referenciado en Maximiliano Abad, que conserva un activo clave: el peso electoral del conurbano bonaerense.
En términos de votos internos, esa zona suele ser determinante. Los distritos más poblados concentran una porción enorme del padrón partidario, lo que convierte al conurbano en la caja de resonancia electoral de cualquier interna radical.
Dos modelos de partido
La disputa, en el fondo, refleja dos visiones distintas de cómo debe organizarse el poder dentro del radicalismo.
El sector de los intendentes apuesta a capitalizar su presencia territorial y la gestión en municipios del interior. El espacio de Abad, en cambio, se apoya en la estructura política y electoral que el radicalismo mantiene en los grandes distritos urbanos.
La tensión entre ambas lógicas no es nueva en la UCR bonaerense, pero esta vez aparece más explícita que nunca.
Mientras tanto, desde la conducción formal del partido insisten en que el radicalismo necesita ordenar su institucionalidad antes de acelerar cualquier elección interna.
La pregunta que queda abierta es si la interna radical será simplemente otra pelea más dentro del partido…
o el comienzo de una reconfiguración del poder político dentro de la UCR bonaerense.