
Tras una ofensiva militar que cambió el tablero en Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos aseguró que está dispuesto a negociar con Teherán. Pero el conflicto sigue activo y las bajas aumentan.
En una entrevista con The Atlantic, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó que aceptó abrir un canal de diálogo con Irán. “Ellos quieren hablar y yo he aceptado hablar”, afirmó. La frase llega después de una ofensiva conjunta con Israel que, según fuentes oficiales, eliminó al líder supremo Ali Khamenei y a buena parte del alto mando iraní.
Trump fue directo: “La mayoría de esa gente ha muerto”, en referencia a antiguos interlocutores del régimen con los que Washington había negociado previamente. El mensaje combina advertencia y apertura: primero golpe, después negociación.
Mientras tanto, el conflicto está lejos de apagarse. Israel lanzó nuevas oleadas de bombardeos sobre Teherán y prometió ataques “sin interrupciones”. Del lado iraní, los Guardianes de la Revolución respondieron con al menos ocho oleadas de misiles y drones contra territorio israelí y bases en el Golfo. El saldo en Israel ya supera la decena de muertos, incluido el ataque más letal desde el inicio de esta escalada.
El Pentágono confirmó además las primeras bajas estadounidenses: tres militares muertos y cinco heridos graves. Es la segunda vez en menos de un año que la administración Trump ataca directamente a Irán junto a Israel. En junio de 2025, una operación de 12 días ya había debilitado seriamente las defensas y el programa nuclear iraní.
En este nuevo escenario, Irán quedó bajo un gobierno transitorio mientras se define un nuevo líder supremo. Desde Teherán prometen venganza. Desde Washington, Trump sostiene que la economía estadounidense está fuerte y descarta que la guerra afecte el frente interno.
El giro es claro: máxima presión militar y, ahora, oferta de diálogo. La incógnita es si Irán negociará desde la debilidad… o si el conflicto recién empieza a mostrar su fase más impredecible.