
Un giro inesperado de Red Bull reabre el debate sobre los motores Mercedes. La discusión llega en un momento sensible para Alpine y para Franco Colapinto, con posibles cambios reglamentarios antes del inicio de la temporada.
La Fórmula 1 vuelve a demostrar que la política técnica puede definir tanto como el cronómetro. En las últimas horas tomó fuerza la posibilidad de que Red Bull se sume al reclamo para revisar el rendimiento del motor Mercedes, una decisión que impacta de lleno en Alpine.
El eje del conflicto está en la medición de la compresión del propulsor. Según los equipos que impulsan la revisión, Mercedes obtiene una ventaja cuando el motor trabaja a altas temperaturas, mientras que en frío cumple con el límite reglamentario. Ferrari, Audi y Honda ya habían formalizado el pedido. Red Bull, que al principio se mantuvo neutral, ahora estaría dispuesto a cambiar de postura tras no haber logrado replicar ese rendimiento en sus propias pruebas.
Si ese alineamiento se concreta, el reclamo alcanzaría la mayoría cualificada dentro del Comité Asesor de Unidades de Potencia, una instancia clave para habilitar modificaciones técnicas. La FIA ya avanzó con reuniones específicas y el tema volvió al centro de la agenda, con la mira puesta en una definición antes de la primera carrera del año.
Para Alpine, que planea competir con motores Mercedes en 2026, el escenario genera inquietud. Un ajuste en los parámetros de medición podría alterar el equilibrio previsto y obligar a recalcular toda la estrategia deportiva.
La incógnita queda planteada: ¿se está corrigiendo una ventaja técnica o se está jugando una partida política para emparejar la parrilla antes de largar? En la F1, cuando las reglas se discuten, casi nunca es casualidad.