
Una misión técnica del Fondo Monetario Internacional inició la segunda revisión del acuerdo con Argentina. El foco está en la acumulación de reservas, una meta incumplida, mientras el contexto suma tensión por cambios en el Indec y pagos recientes al propio organismo.
Una misión del Fondo Monetario Internacional aterrizó en Buenos Aires para avanzar con la segunda revisión del acuerdo vigente por USD 20.000 millones. El equipo, encabezado por Luis Cubeddu y Bikas Joshi, mantendrá reuniones con el Gobierno para evaluar el cumplimiento de las metas y definir si se libera un desembolso pendiente de USD 1.000 millones.
El eje de la negociación es claro y sensible: la acumulación de reservas internacionales. En la revisión anterior, la meta ya había sido “recalibrada” —de un objetivo positivo a uno negativo— y aun así no se cumplió. Parte de la explicación oficial fue la decisión de no comprar dólares hasta tocar el piso de la banda cambiaria y las ventas para contener el tipo de cambio antes de las legislativas.
Desde enero, el escenario muestra señales distintas: el Banco Central acumuló 23 ruedas consecutivas de compras por USD 1.297 millones. Las reservas treparon a USD 45.673 millones, aunque todavía no recuperan el nivel de fines de enero. El detalle no menor es el cómo: hubo emisión de pesos sin esterilización para sostener liquidez y evitar subas de tasas.
El contexto político-económico agrega ruido. La llegada del FMI ocurre días después de la renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC, en la previa de un nuevo método para medir la inflación. Cambios técnicos, tiempos sensibles y un organismo mirando de cerca: combinación conocida.
Hubo, además, señales públicas. En Davos, el ministro Luis Caputo se reunió con Kristalina Georgieva, quien elogió el “desempeño sólido” y el progreso en reservas. El mensaje fue cordial; la revisión, estricta.
Mientras tanto, Argentina ya pagó USD 878 millones en intereses al FMI el 1 de febrero, mediante DEGs. No se aclaró si los fondos salieron del Banco Central o del Tesoro, otro dato que el organismo suele subrayar.
El Fondo podría otorgar una nueva dispensa por el incumplimiento de la meta de reservas. La incógnita no es solo si habrá perdón, sino con qué condiciones y cuál será el nuevo objetivo. Con USD 1.000 millones en juego, la pregunta que flota es simple: ¿se compra tiempo o se patea el problema?