
El Gobierno bonaerense lanzó una nueva emisión de Letras del Tesoro para cubrir necesidades inmediatas de caja. El mecanismo es de corto plazo, pero con una garantía sensible: recursos futuros que todavía no llegaron.
La Provincia de Buenos Aires habilitó una nueva licitación de Letras del Tesoro por hasta $10.000 millones como parte del arranque de su programa financiero 2026. El objetivo es claro y conocido: cubrir baches de caja en el corto plazo.
La licitación está prevista para el 20 de enero y contempla instrumentos de hasta 365 días, con tasas variables, intereses fijos, ajustes por inflación y opciones de capitalización mensual. Un menú financiero amplio que le da flexibilidad al Ejecutivo para conseguir fondos rápidos.
El punto clave no está en la ingeniería financiera, sino en la garantía. Estas Letras estarán respaldadas por fondos de coparticipación federal, es decir, ingresos automáticos que la Provincia recibe de Nación. En la práctica, se comprometen recursos futuros para resolver un problema presente.
Si las Letras no se cancelan dentro del ejercicio, el mecanismo es automático: pasan a convertirse en deuda pública. No es una novedad, pero sí un dato que vuelve a generar ruido en un contexto de cuentas ajustadas y necesidad permanente de rollover.
La resolución además concentra poder en el área económica. La Subsecretaría de Finanzas queda habilitada para modificar montos, plazos y condiciones, e incluso para declarar desierta la licitación si el resultado no convence. Más margen de maniobra, menos previsibilidad hacia adelante.
La Provincia gana aire hoy, pero al costo de cargar presión sobre mañana. La pregunta que queda flotando es conocida, pero incómoda: ¿hasta cuándo alcanza el parche antes de que la cuenta llegue completa?