
Actos, armado federal y discurso presidencial mientras la provincia enfrenta déficit récord, pagos atrasados y sistemas clave al límite. La tensión entre ambición política y gestión cotidiana vuelve a escena.
En plena crisis financiera bonaerense, Axel Kicillof acelera su proyección nacional con el Movimiento Derecho al Futuro. Hubo actos en la Costa y el Conurbano, mensajes de “construcción amplia” y guiños a 2027. El problema: la provincia que gobierna no cierra las cuentas.
Los números pesan. En el tercer trimestre de 2025, Buenos Aires terminó con un déficit financiero de $1,4 billones (5,7% de los ingresos). El gobernador apunta al ajuste nacional y reclama fondos interrumpidos por la gestión de Javier Milei. Parte del ahogo viene de ahí. Pero no todo.
Mientras se denuncia falta de recursos, se expandió el gasto, hubo compras cuestionadas (flotas de autos de alta gama) y creación de áreas nuevas, al mismo tiempo que proveedores esperan más de 120 días y aparecen cheques rechazados. En alimentos, salud e infraestructura, el atraso ya no es excepción.
El frente de obra pública sumó ruido con la disolución del PROFIDE. El fideicomiso se cerró con deudas cercanas a $19 mil millones, certificados prometidos y no pagados, y empresas que emitieron cheques que rebotaron. Sin cronograma claro, crece el riesgo de juicios y mayores costos por actualización UVI.
La salud tampoco da tregua. IOMA arrastra aranceles atrasados, deudas de meses y demoras administrativas que ponen en riesgo prestaciones críticas como diálisis en el interior. Hay centros al límite, pacientes en vilo y trabajadores en alerta. Gremios docentes suman reclamos y rechazan ofertas salariales que no compensan inflación ni cobertura.
La foto final es incómoda: campaña nacional en marcha con gestión provincial tensionada. Reclamos hacia Nación, sí; pero también decisiones internas que agrandan el rojo. La pregunta queda flotando: ¿se puede construir un proyecto presidencial con una provincia que no logra ordenar sus pagos básicos?