
El Gobierno logró aprobar la reforma laboral en el Senado y, en Diputados, el nuevo régimen penal juvenil y el acuerdo Unión Europea–Mercosur. Las votaciones dejaron al descubierto divisiones internas en Unión por la Patria y consolidaron un esquema de gobernabilidad en minoría.
El Gobierno nacional consiguió en menos de 48 horas una serie de victorias legislativas de alto impacto político. La reforma laboral fue aprobada en el Senado con 42 votos a favor y 30 en contra, mientras que en la Cámara de Diputados se sancionaron la baja de la edad de imputabilidad y el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur.
Las votaciones configuraron un escenario que hasta hace pocos meses parecía improbable: un oficialismo sin mayoría propia imponiendo agenda y articulando mayorías transversales.
En el Senado, el proyecto de reforma laboral fue modificado respecto de su versión original. El oficialismo aceptó cambios solicitados por gobernadores y sectores empresarios para garantizar los votos necesarios. La estrategia apuntó a asegurar el resultado aun a costa de introducir concesiones en puntos sensibles.
En Diputados, la dinámica fue similar. El régimen penal juvenil obtuvo 149 votos afirmativos y 100 negativos. El oficialismo logró respaldo de bloques dialoguistas, legisladores provinciales y sectores del peronismo no alineado.
Uno de los episodios más relevantes se produjo durante la votación en particular del artículo que fija la edad mínima de imputabilidad en 14 años. Al menos seis diputados de Unión por la Patria vinculados al espacio de Sergio Massa acompañaron el proyecto. La votación se realizó a mano alzada, lo que evitó un registro nominal y redujo el impacto político inmediato del quiebre interno.
La fractura, sin embargo, quedó evidenciada en el recinto y en las transcripciones taquigráficas.
En el caso del acuerdo Unión Europea–Mercosur, la votación fue nominal y el resultado aún más amplio: más de 200 diputados respaldaron el tratado. Allí la división en el peronismo fue explícita. Mientras el kirchnerismo duro votó en contra, legisladores de provincias productivas y sectores vinculados a gobernadores acompañaron el proyecto argumentando razones económicas y comerciales.
El contraste expuso diferencias de enfoque dentro de Unión por la Patria. Parte del bloque priorizó una lectura vinculada a exportaciones, empleo y economías regionales. Otro sector sostuvo una postura crítica basada en objeciones políticas e ideológicas.
Desde el oficialismo destacaron la coordinación entre la Casa Rosada y la conducción parlamentaria. La estrategia consistió en negociar proyecto por proyecto, articular acuerdos puntuales y capitalizar las tensiones opositoras.
Las sesiones marcaron, además, un reordenamiento interno en la oposición. La conducción del bloque peronista enfrentó dificultades para sostener posiciones homogéneas en temas de alta sensibilidad. La votación del acuerdo comercial dejó expuestas diferencias que no pudieron ser contenidas.
Para el Gobierno, el resultado fortalece la percepción de capacidad de gestión legislativa aun sin mayoría propia. Para el peronismo, abre interrogantes sobre su cohesión y liderazgo parlamentario.
El Congreso, en menos de dos días, no solo aprobó tres iniciativas estructurales. También dejó planteado un nuevo equilibrio de fuerzas.
La incógnita ahora es si se trata de una dinámica coyuntural o del inicio de una etapa de gobernabilidad sustentada en acuerdos variables y una oposición fragmentada.